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dijous, 26 de setembre del 2019

En el corazón persa: Shiraz y Persépolis.

Shiraz, 13 de Septiembre de 2019

Tras el inicio casi inmejorable de Isfahán, llegaba a Shiraz, considerada el corazón de la cultura persa durante muchos siglos.

Según la LP (Lonely Planet, para los noveles en este blog), Shiraz "es sinónimo de refinamiento, ruiseñores, poesía y vino" y aunque a primera vista cuesta tomar ese pulso, poco a poco vas adentrándote en esta ciudad. Como sucede con decenas de ciudades a lo largo y ancho del planeta, se debate entre la modernidad y el arraigo a las tradiciones, entre dar el salto adelante pero sin perder la esencia o arrollar su historia sin compasión... Y eso es muy complejo, sin duda. 

Siguiendo la línea de Isfahán, pocos turistas en esta época. Conocí a dos chicos y una chica que los escuché hablar en francés y al saludarlos y decirles que era de Barcelona, entonces me dijeron que eran "del País Vasco-francés". Las complicidades ya fueron evidentes. Venían de la zona del Kurdistán (zona noroeste de Irán, fronteras con Armenia, Turquía e Irak) y me han hablado maravillas, aunque, claro, ellos viajan 5 semanas...

En Shiraz vas visitando mezquitas, museos, castillos, jardines, bazares... Y te vas sumergiendo en ella, intuyendo lo que debió ser unos siglos atrás y el legado que arrastra. El Bazar e Vakil, siendo bonito y recogido, es menos impresionante que el de Isfahán, pero es una delicia perderse en él.

Recorro sus calles de manera pausada. Este viaje me lo estoy planteando algo diferente. Recuerdo otros en los que quería aprovechar el tiempo al máximo, despertar temprano, recorrer mil sitios, salir corriendo para ver otra ciudad... En este, he bajado revoluciones. Quizás es que he llegado agotado de un año duro, laboralmente hablando. Quizás es que ya no tengo 30 años. Quizás es el calor. Quizás es que, simplemente, me apetece visitar menos y paladear más. No lo sé exactamente. Y tampoco me preocupa. La suerte es poder elegir qué haces, cómo lo haces y cuándo lo haces...

El segundo día, arranco visitando la Masjed-e Nasir al-Molk, una mezquita pequeña, pero preciosa, aunque su principal atractivo es la luz matinal que se filtra por sus coloridas vidrieras que otorgan un efecto caleidoscópico tan mágico e hipnótico que el alud de visitas entre las 8:30 y las 10:30 h consiguen restar gran parte de ese encanto por la masiva afluencia de gente. Ha sido, de largo, el sitio donde más extranjeros he visto (unos 20). Y, siendo precioso ese interior, yo pensaba en nuestra Sagrada Familia y ese efecto lumínico a través de vidrieras increíbles.

               Masjed-e Nasir al Molk, patio

               Masjed-e Nasir al Molk, interior

De ahí, me dirijo a Persépolis y Naqsh-e Rostam.
Para un apasionado de la Historia, es un auténtico lujo visitar un lugar así. He visto la Acrópolis de Atenas, el Coliseo de Roma, Tikal y Chichén Itzá de los mayas, las pirámides y templos de Egipto, Petra y los nabateos en Jordania, el Taj Mahal en India, Angkor Wat en Camboya, templos milenarios en Japón, la Medina de Fez y Marrakech en Marruecos la Alhambra de Granada en el país vecino... Así que Persépolis es otra muesca en ese viaje al pasado.

La ciudad, construida por los aqueménidas, debió ser realmente impresionante en su momento de apogeo... Hasta que llegó Alejandro Magno y la arrasó.

Fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco hace ya algunas décadas.
Sin duda, la puerta de Jerjes con sus figuras mitológicas clásicas de estilo asirio es una entrada que promete mucho, aunque el plato fuerte son los grabado en piedra de la Escalera de la Apadana: hombres armados, reyes, animales en un estado de conservación exquisito y con un nivel de precisión y detalle realmente admirables. Me deleito admirando esos detalles, tomando fotos, tratando de comprender los grabados, su simbolismo...

Recorro la ciudad, subo a las tumbas de Artajerjes II y Artajerjes III, excavadas en la montaña, algo más arriba que la propia Persépolis. Si no muero de calor e insolación aquí, ya puedo sobrevivir en cualquier lugar... más tarde, breve escapada a Naqsh-e Rostam, donde hay excavadas de manera impresionante en la misma montaña 4 tumbas de varias decenas de metros de altura, con escenas grabadas en relieves sasánidas de episodios míticos de la historia persa relacionadas con el rey que hay allí enterrado: Darío I, Darío II, Jerjes I y Artajerjes I. Aunque sólo puedes verlas desde fuera, son impresionantes e imprescindibles.

                                  Persépolis

Y me despido de Shiraz con una miniaventura. A veces, cuando uno viaja improvisando todo, pues hay ligeros contratiempos. Llego a la estación de autobuses de Shiraz para coger el bus hacia Yazd, mi siguiente destino. Hay uno a las 11:30 y cuando voy a comprarlo, me dicen que está lleno. Voy a otra agencia y el siguiente libre es a las 23 h!!! Finalmente, encuentro el siguiente bus con plaza libre para Yazd a las 22 h.. y faltan más de 11 horas!!

Me siento en la sala de espera y comienzo a barajar opciones: me vuelvo a la ciudad, voy a visitar algo, me quedo aquí leyendo,... En esas estaba, cuando una chica que estaba sentada al otro lado de la sala, viene y se sienta detrás mío. Al poco me pregunta si necesito ayuda, porque ha notado mi decepción por este contratiempo. Le explico lo que me ha pasado y empezamos a hablar. Ella es Marzieh, una encantadora profesora de 34 años, con un excelente inglés, una mirada cautivadora y una sonrisa descomunal.

Hablamos algo más de media hora, intercambiamos whatsapp e Instagram y se despide al llegar la hora de salida de su bus.
Siempre se pueden sacar cosas positivas de los imprevistos, verdad?

Finalmente, decido no moverme de la estación y paso el día allí. Escucho música, algún programa de radio, leo en mi ebook, alguna charla con algún local, comer... Pero se hace interminable, os lo aseguro.

El viaje en bus se convierte en la siguiente minipesadilla: aire acondicionado a todo trapo, asiento algo incómodo y un chico invadiendo mi espacio personal de manera que ni alguna de mis parejas se ha atrevido jamás!! Brgggg... Qué pesado!! En serio, sólo le faltó acunarse sobre mis piernas...

Llego a Yazd a las 5 de la mañana. Con un taxi, en 15 minutos estoy en el centro y comienzo a caminar por las calles vacías, buscando un sitio donde alojarme. Llamo a la puerta en 4-5 hoteles/hostels, pero todos están cerrados y nadie responde. Total, que asumo que, mínimo, hasta las 7 no abrirán. Y me dedico a hacer alguna foto nocturna en las calles de la Old City y de la Masjed-e Jameh. De hecho, en esta llego a entrar y la tengo para mí sólo... Curioso que al día siguiente volviera, entrara por la puerta noreste y al salir por la principal me cobraran la entrada...

Finalmente, pasadas las 7:15 de la mañana, consigo entrar en el Orient Hotel, con un precioso patio interior, un restaurante (Marco Polo) en la azotea con impresionantes vistas de la Old City y las mezquitas y unas habitaciones amplias, limpias y con baño propio, me hacen un buen precio (10€ la noche) y me dejan entrar ya, que dado mi estado de agotamiento, era casi mi prioridad.

Me ducho y me voy a dormir pasadas las 7 de la mañana. Gajes del viajero.

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