Gdansk, 9 de Septiembre de 2026.
El viaje en bus de Kaunas (Lituania) a Gdansk (Polonia), dura casi 8 horas, con cruce de frontera y comprobación de pasaportes/IDs incluido. Lo del espacio Schengen es de risa. Y hasta aquí.
Durante el trayecto voy leyendo "Auschwitz: los nazis y la solución final" del historiador Laurence Rees. Auschwitz es donde finalizaré este viaje y quiero ir preparado, informado... aunque reconozco que hay pasajes que me revuelven el estómago... También escucho algo de música, observo el paisaje y cae algún podcast. Tampoco fue tan pesado!!
Llego entrada la tarde, así que me ducho y voy a pasear por el centro de Gdansk. Y, pese a que me lo habían advertido, supera por mucho mis expectativas. Pasear por Ul Duga hasta el Stava Motlava (río que atraviesa la ciudad) y todo su centro urbano es un placer. No te cansarías de recorrerlo mil veces. Además, de noche cobra una vida diferente y me parece espectacular. Cada edificio, cada fachada, cada rincón tiene detalles, pinturas, litografías, esculturas que vas descubriendo cada vez que pasas.
Pero no conocía (aún) la historia de esta ciudad...
La II Guerra Mundial fue cocinándose a fuego lento. Desde las elecciones ganadas por Hitler en Alemania en 1933, con el sabor amargo y el orgullo herido de la derrota en la I Guerra Mundial, los nazis recogieron esa insatisfacción y desencanto del pueblo alemán, vistieron a los judíos de enemigos y la supremacía aria como principio irrenunciable... poco a poco fueron produciéndose movimientos de tropas, pequeñas incursiones, reclamaciones sobre territorios...
Al este, Stalin y su régimen comunista, no se quedaba atrás y sus ansias expansionistas también causaban estragos en los países centroeuropeos. Se estaba gestando la mayor tragedia causada por la Humanidad y al frente estaban dos megalómanos a los que nadie supo, pudo o quiso detener.
Y ahí estaba Gdansk, la joya portuaria del báltico, codiciada por la Alemania nazi y por la Rusia comunista... pero siendo polaca.
Hitler la reclamó. Polonia se opuso. Rusia se lo miraba. Y tanto fue el cántaro a la fuente... que Gdansk se convirtió en la gota que colmó el vaso que habían ido llenando unos y otros los años previos.
Y aquí, en la península de Westerplatte, el 1 de Septiembre de 1939, se produjeron los primeros ataques que dieron paso a la II GM.
WesterplatteEn la península, que visité el segundo día, quedan algunos restos de construcciones defensivas de los polacos, que resistieron aquí 7 días, hasta que tuvieron que rendirse. No hay mucho que ver, pero el simbolismo de estar aquí es realmente sobrecogedor...
Ayer pensaba en todos los sitios relacionados con la II GM que he visitado en mi vida, sin estar planificados y... vaya!!! En 2006, Berlín, Dresde y Mauthausen. En 2019, las playas del Desembarco de Normandía. Ahora, Lituania y Polonia (Gdansk, Varsovia), y finalizaré en Auschwitz-Birkenau... Creo que me quedará Stalingrado (actual Volgogrado).
Después de caer en manos alemanas y hasta el fin de la guerra, en 1945, Gdansk fue destruida en un 90%, así que la mayoría de la ciudad ha sido reconstruida, renaciendo como el Ave Fénix, de sus propias cenizas.
Al finalizar la Guerra, fue territorio controlado por Rusia y con movimientos de fronteras decididos entre Stalin, Roosvelt y Churchill, un poco según sus intereses. Y esto fue otro desastre... pero vaya, si te interesa el tema, ya sabes!!!
La visita recomendada de Gdansk es el Museo de la II GM, que desde los años previos hasta los posteriores, realiza un recorrido temporal de las naciones implicadas y cómo todo fue degenerando.
Es una visita que te encoge el corazón. Videos con imágenes reales de ejecuciones, muertos, testimonios, fotografías... Reconozco que se me hizo un nudo en el estómago en una sala con paneles horizontales, semitranslúcidos con decenas de fotos en cada uno de judíos asesinados con una música hebrea desgarradora. El corazón en un puño...
También merecen muuuucho la pena, callejear, perderse y pasar por Ul Mariaca, la que dicen que es la calle más fotografiada de Polonia Y no es para menos!!! Eso sí, prácticamente toda reconstruida.
Y esta zona es conocida por sus yacimientos de ámbar (resina de árbol fosilizada hace millones de años). Es curioso su Museo del ámbar y, obligatoriamente, hay que visitar la Iglesia de Santa Brígida, con un altar lleno de piezas en ámbar que te deja sin aliento!!
Para terminar, una anécdota.
Volvía paseando por la orilla del río cuando se me acerca un chico que trabaja en uno de los restaurantes de la zona. Se pone a mi lado y mira mi guía, que llevaba bajo el brazo.
La conversación fue tal que así...
- Ahhhh, español!!
- No - respondo de inmediato. Frunce el ceño y vuelve..
- Italiano?.
- No, catalán!! De Barcelona.
- Ah, pues español, entonces!!
Le reitero:
- Catalunya, no España. No es lo mismo.
Ni corto ni perezoso, insiste:
- Para nosotros, España y Catalunya son lo mismo.
Como aquí ya me toca la fibra, voy a tocársela yo...
- Tú eres ruso?
Abre los ojos, como ofendido y sorprendido por la pregunta.
- No!! Yo soy polaco!!
- Pues yo no soy español, soy catalán. La única diferencia es que vosotros conseguisteis la libertad y la independencia. Nosotros, aún no.
Me da la mano, asintiendo y me dice:
- Buen viaje, amigo catalán...
Haciendo pedagogía a miles de kilómetros!!















