Contacta conmigo.

Escríbeme a: sergi_rodco@hotmail.com (en el asunto haz constar "Blog").

dilluns, 12 de març del 2012

Adiós, Juba.


Juba, 12 de Marzo de 2.012.

Algunos consejos se te quedan grabados en la memoria a fuego vivo. Algunas frases, se te quedan clavadas en el corazón, como un puñal que te desgarra de arriba abajo. Algunos recuerdos martillean tu memoria de manera insistente. Algunas imágenes siguen vivas en tus retinas cuando cierras los ojos. Y todas esas situaciones, todas, son inevitables. La única diferencia es el uso que nosotros hagamos de esos consejos, cómo manejemos el dolor de aquellas frases hirientes, cómo aceptemos aquello que sucedió y que ahora solo es un recuerdo o cómo compaginemos la doble visión de aquella imagen que quedó en tu retina con la visión que tienes delante de ti.
Un poco de todo eso y muchas cosas más me voy a llevar yo de esta experiencia africana. Quién sabe si la última… quién sabe si solo un punto y aparte. Ha sido así y así deberé aceptarla con el paso del tiempo. Y con el tiempo, acudirán a mí imágenes, sonidos, recuerdos, palabras, situaciones… lo que yo haga con ellas en el futuro, está por ver.
Nadie dijo que sería fácil. Tampoco imaginé que fuera tan difícil. Pero la vida, tozuda, se empeña en ponerme a prueba en situaciones que me ponen al límite.  Y yo tampoco me arrugo. Como he escrito muchas veces en este blog, la elección de un camino implica la renuncia al otro. Todo lo asociado a esa decisión, es responsabilidad nuestra. Y yo asumo mis decisiones, al 100%. Con todas sus consecuencias.
Asumí el riesgo de dejarlo todo en BCN y venirme a Sur Sudán, en un trabajo que iba a exigir lo mejor de mí mismo. Y a nivel personal y profesional, he superado todas y cada una de las situaciones que se han ido presentando, que fueron muchas. Algunas muy duras. Todas… bueno, menos una. Esa, precisamente, no la he superado porque debía elegir entre dos caminos: renunciar a mí mismo y a mis valores o tragármelos para seguir aquí. Dos elecciones tenía. Y nunca, nunca en mi vida, he actuado contrariamente a lo que pensaba o lo que sentía. Nunca lo he hecho. Nunca lo voy a hacer. No hay trabajo en el mundo que esté por encima de mis valores, de mi conciencia, de mis principios. Y no hablo de estos relacionados con MSF, para nada, porque me siento muy orgulloso de haber trabajado para esta ONG, con todo lo que ello conlleva. Es encomiable la labor que se realiza en estos entornos tan complejos para ayudar a refugiados, víctimas de conflictos bélicos, personas sin acceso a servicios básicos de salud, etc… no, no me refiero a esos valores, porque me identifico al 100% con ellos. Me refiero a valores y principios en las relaciones personales. Hay cosas que no las acepto, no las tolero… y ponerme entre la espada y la pared no me hace cambiar de opinión.
No voy a explicar aquí los motivos por los que abandono MSF Sudán del Sur. Quizás haya otro país, otra misión esperándome. Ya veremos. Sé que están muy contentos conmigo a nivel personal y profesional, pero esta situación ha sido insostenible y el bloqueo existente imposible de compaginar con un desarrollo normal de la actividad laboral.
De momento, este viernes me subo al avión para volver a casa. Eran dos semanas para un curso, volviendo a inicios de Abril. La cosa, ha vuelto a cambiar.
Adiós a Juba y a Sudán del Sur. Adiós a esta gente que te recibe con una sonrisa. Adiós a tantas personas que te miran, sonríen, te aprecian. Adiós a tantas y tantas personas que me recibieron con los brazos abiertos, mirada limpia y apoyo máximo. Adiós a sus abrazos, a sus interminables saludos, a sus miradas discretas.
Este año quería ir desde aquí a tres destinos en África: en mayo a Egipto; en agosto a Sudáfrica con mis amigos (de momento, no va a poder ser, amigos); en octubre quería ir a ver los gorilas de montaña a Uganda (uno de mis últimos sueños por cumplir)… añado: no hay trabajo ni sueño que me hagan desviarme de mis valores y mis principios. No quiero que, de aquí a unos años, cuando recuerde esta situación, me pueda reprochar absolutamente nada a mí mismo. No quiero que, de aquí a unos años, cuando piense en esto, pueda llegar a pensar: “no hiciste lo que querías o sentías”. No quiero que, de aquí a unos años, pueda tener no ésta, sino otra espina clavada: la de la infidelidad con uno mismo. Siempre he sido fiel a lo que pensaba y sentía. Y eso, a menudo, me ha costado enemistades, enfados o distanciamientos. Puedo decir las cosas de muchas maneras y, a menudo, debería decirlas mejor de lo que lo hago, pero si de algo nadie me puede acusar, ni ahora, ni nunca, es de ir con dobleces, hipocresías, dobles raseros, insinuaciones o mentiras. Yo, a ese juego, lo siento, ni sé jugar ni estoy dispuesto.
Recuerdo en mi anterior trabajo, cuando comenzamos con los ajustes de plantilla y venían a mí muchas personas preocupadas por la posibilidad de perder su trabajo, que yo siempre les decía que trabajaran de manera exquisita para que, si llegaba ese momento, siempre pudieran irse con la cabeza alta, la conciencia tranquila y pudiendo mirar a los ojos de la gente.
Yo me voy de Sur Sudán orgulloso de mi trabajo y las personas que he conocido y los vínculos que he establecido con ellas, con la cabeza bien alta, la conciencia muy tranquila y pudiendo mirar a los ojos de todo el mundo. Nada tengo que reprocharme. Una ventana se cierra. Otra se abre. Un futuro mejor está por venir, aunque hoy me sienta inmensamente triste y abatido. Es un nuevo aprendizaje en esta aventura diaria. Una nueva lección.
De todos los consejos que he recibido en mi vida (de mis padres principalmente, claro), siempre recordaré uno que lo llevo grabado en mi retina, cuando mi profesora de 4º de EGB escribió el último día de clase en mi carpesano: “Sé siempre tú mismo”.
Por eso y porque estoy orgulloso… seguiré siendo, siempre, yo mismo.
Nos vemos en BCN, muy pronto.

dilluns, 20 de febrer del 2012

Breves videos de Juba y Sudán del Sur.

Pues en estos últimos días he encontrado en youtube algunos videos sobre Juba y Sudán del Sur que me parecen muy ilustrativos, dado que está prohibido hacer fotografías. Así que con estos videos, podréis imaginar, en cierta medida, mis relatos, mis palabras y mis vivencias en este nuevo país africano...
Cada uno que extraiga sus propias conclusiones. Las imágenes hablan por sí mismas.

Juba:

"El nacimiento de Sudán del Sur":

Pues aquí mismo estoy viviendo, junto a muchos de esos extranjeros que han venido a colaborar, a ayudar, a formar, a enseñar, a construir. Como me dijo un chico que conocí hace unas semanas: "estamos siendo testigos de la historia de este país, de su nacimiento, su transformación... y, al mismo tiempo, protagonistas".

Me parece que no hay mejor descripción posible para ello. Por tanto, mejor me callo.
Amén.

diumenge, 19 de febrer del 2012

La vida te da sorpresas. Sorpresas te da la vida.


Juba, 19 de Febrero de 2.012.
Hace muchos años, una buena amiga de entonces me recomendó un libro de un filósofo francés actual: La felicidad desesperadamente, de Andre Compte-Spoinville. Un libro de filosofía breve, agradable de leer, sencillo de entender y con un hilo argumental que se resumiría, muy sintéticamente en una filosofía de vida consistente en vivir sin esperar nada, de modo que cualquier cosa que te suceda, positiva o negativa, se acepte. Lo que nos suele pasar es que esperamos mucho de algo (expectativas), idealizamos lo que obtendremos o nos sucederá y luego, cuando sucede, pueden pasar dos cosas: la primera, que el placer por su obtención sea breve y fugaz, por lo que enseguida dejamos de disfrutar de ello y buscamos otra fuente de placer, otro objetivo, entrando en una dinámica de inconformismo absoluto. La segunda, y casi peor, es que lo que obtengamos se aleje mucho de lo que esperábamos, provocándonos frustración, impotencia, tristeza… infelicidad. Por lo que el autor propone vivir sin esperar, de manera que cuando algo nos llegue lo podamos disfrutar y, si no llega, como no lo esperábamos, pues no cause tal frustración o tristeza. Sobre el papel, es muy bonito, pero hay situaciones en las que la ilusión y el anhelo, hacen imposible vivir sin esperanza. O situaciones que serían imposibles de sobrellevar si no fuera por una esperanza. En fin, debates filosóficos que os estoy explicando desde mi laptop, en otro caluroso día en Juba y desde la piscina.
Pues os explico todo esto porque el otro día, tras varios días sin conexión a internet (lo de las telecomunicaciones en este país está siendo de pesadilla: líneas que no funcionan; números que te llaman, les devuelves la llamada al minuto siguiente y te dicen que “ese número no existe”; satélites que dejan de funcionar; imposibilidad de hacer llamadas durante horas…) estaba a punto de irme a dormir cuando revisé mi correo a última hora y recibí una sorpresa que ya no esperaba, un correo con fotos que esperaba recibir hace varios meses. Me llegó a mi “correo no deseado”, porque era de una dirección que no conocía y aunque normalmente borro esos mails sin revisarlos, algo me dijo: “espera, espera, revisa ese”… y ahí estaban, fotos de Mayo pasado, hace más de 9 meses, de los días en el Borneo Indonesio, de la visita a Tanjung Puting National Park, viendo esa maravilla de la naturaleza y la evolución: los orangutanes en estado semisalvaje. Si alguien quiere repasarlo, es la entrada “El hombre de los bosques” de mayo pasado 2.011.
¿Se puede estar más cerca?.
Me alegró mucho recibir ese correo, sobre todo porque ya no lo esperaba. Os sitúo: mientras estábamos en el último punto de avistamiento de orangutanes, y cuando estaba sentado en unos “bancos” creados y dispuestos para la observación de este extraordinario animal, se acercó una madre con su cría y se puso a centímetros de mí. Fueron unos minutos mágicos, alargando mi dedos podía tocarlos (que no lo hice, por supuesto)… cuando la madre y la cría se alejaron, un hombre mayor se acercó a mí y me dijo: “tengo unas fotos preciosas tuyas. Si me das tu dirección te las envío”. Y así lo hicimos: le dejé mi dirección de correo electrónico en un papel desgarrado, apuntado de cualquier manera esperando recibir en los siguientes días esas fotos. Pasaron los días. Pasaron las semanas. Y lo que esperaba recibir, no llegó… hasta el punto que casi las había olvidado hasta el otro día, que aparecieron por sorpresa en mi correo. Este hombre, un americano, lleva 9 años viajando. 9 años… coincidimos en el Borneo Indonesio y ahora está en Thailandia… O sea, en 9 meses ha pasado de Indonesia, imagino que a Malasia y ahora el sur de Thai. Vaya…
Una sorpresa muy agradable que, de haber recibido las fotos a los pocos días, hubiera tenido en mí un impacto menor al que ha tenido.
Por lo demás, la vida en Juba continúa. Ya llevo más de 6 semanas aquí y, sinceramente, las tres últimas me han volado. Tengo la sensación de que se me han escurrido de las manos, han huido de mí sin poder apreciarlas, saborearlas… más bien, en algunos momentos, las he sufrido, como esta última semana, una locura de trabajo, estrés, prisas, urgencias, obligaciones, nervios, presiones… pero aquí sigo, vivito y coleando. Ya lo dicen: hierba mala nunca muere (jajajajajaja). De momento no me han nominado en este Gran Hermano africano… pero todo llegará!!!
El otro día intentaba pensar en por qué no acabo de sentirme del todo cómodo y por qué me ha costado más de lo previsto ir encontrando mi sitio y llegué a una conclusión: estuve 6 meses y una semana viajando por libre, decidiéndolo todo, absolutamente todo. Y ahora, aquí, la capacidad de decisión y libertad es bastante limitada: no puedes ir a según qué sitios, no puedes caminar después de las 19 h., a las 24 h. máximo tenemos que estar en casa, horarios bastante establecidos… de tal manera que te levantas y casi podrías hacer el cronograma de lo que te sucederá. Vamos, en ese sentido justo lo contrario.
Ahora empieza la primera cuenta atrás para volver a BCN, primera parada en el camino anual. Faltan 4 semanas para la vuelta, para estar 2 semanas en casa. Dos semanas que aunque no sean de vacaciones, porque estaré ocupado todos los días con el curso, serán como si lo estuviera: todo lo que es salir de Juba son vacaciones… Luego, mi intención sería ir a finales de Mayo a Uganda y pasar unos 10 días allí, a ver si puedo ver al gorila de montaña. En Julio, tengo otra semana de curso en BCN. En Agosto, dos semanas por Sudáfrica (viendo el tiburón blanco si puede ser y las ballenas jorobadas). De ahí a finales de año, aún tendría una semana más, que tengo que estudiar y decidir dónde me gustaría ir. Las opciones son múltiples, pero aún por decidir. Así que 2.012, para mí, es año africano total!!. 2.011, Asia. 2.012, África. 2.013??. Who knows???.
Esta entrada, ligerita, que luego os quejáis… jejeje.
Un abrazo desde Juba.

dimarts, 7 de febrer del 2012

Cumpleaños en Konyo-Konyo Market.


Domingo, 5 de Febrero de 2.012.


Nací tal día como hoy, hace 35 años. Me siento bien, como ayer, como hace dos años, aunque no como hace siete u ocho años. Sin embargo, ver ese número escrito, causa respeto. 35. No está mal. Estoy seguro de que cuando nací, aquella mañana de 1.977, mis padres poco imaginarían que su hijo “celebraría” su 35º cumpleaños a miles de kilómetros de ellos. La vida, las circunstancias pero, sobre todo y especialmente, mis decisiones, me han traído hasta aquí y a pasar este día de una manera tan atípica. Así como cuando cumples los 33 lo que más te repiten es “ya tienes la edad de Cristo”, en este día lo que más me han repetido ha sido: “cumpleaños diferente”. Pues sí, para qué negarlo, “diferente” como eufemismo de triste.


Es domingo, así que un abanico de posibilidades se abren ante ti en la espléndida vida social, cultural y de ocio que te ofrece Juba. Teatros, cines, restaurantes, museos, edificios, monumentos, jardines, salas de arte… todo está ahí, al alcance de tu mano para que lo disfrutes. Colas kilométricas para ver el último estreno de Hollywood o la última exposición de Chagal. Es impresionante la cantidad de cosas que puedes hacer… ¡¡conectándote a internet!!. Básicamente, los planes de los domingos se pueden reducir a: piscina (que es lo que había hecho los domingos anteriores, consiguiendo que, por primera vez en mi vida, mi piel mudara en pleno mes de enero), beach volley en el campound del CRC (aún no he ido), salir a cenar y/o tomar algo y… una visita al Konyo-Konyo Market. That’s it!!. Interesante, ¿verdad?.


Pues nada, aprovechando que un compañero griego estaba por la capital y quería ir al mercado, allí nos hemos ido 5 personas. Era la primera vez que salía (en un mes) a caminar por la calle (las otras veces había ido a la piscina, recordad). Si el panorama es triste y desolador viéndolo desde el coche de día o, peor aún, de noche, el panorama caminando por la ciudad a plena luz del día y visitando el mercado más importante de la ciudad (y probablemente del país) es dantesco. Las calles de nuestro alrededor son todas de tierra (excepto la carretera principal), llenas de baches y piedras, chozas y chabolas, plantas que crecen sin orden ni control,… me imagino mentalmente la foto, en blanco y negro, y pienso que sería como la de las calles de nuestras ciudades 70 años atrás. De hecho, recuerdo alguna foto de mi padre, cuando era un niño, en calles parecidas en la BCN de los años 50. Pues eso es Juba… bueno, no, es mucho peor. A medida que caminamos hacia el mercado, observo que los niveles de contaminación, escombros, basuras, residuos son, realmente, escandalosos. La ciudad entera es como un basurero enorme: no hay rincón donde mires que no veas botellas, latas, bolsas, cartones, restos de hogueras, agua putrefacta… la basura se acumula de una manera preocupante. En el camino, que dura unos 10 minutos, nos cruzamos con niños con chanclas unos cuantos números mayores de lo que necesitarían; un hombre de mi edad más o menos, completamente desnudo y sucio, muy sucio; niños que recogen basura; personas que queman basura; basura acumulada; latas amontonadas; agua estancada; olor intenso y desagradable. Esta es la capital, hay que recordar.


Llegamos al Konyo-Konyo Market (venga, ahora ya podéis hacer todos los chistes que queráis con el nombrecito) y, pese a que uno está curado de espantos, no dejan de llamarme la atención muchos detalles. El mercado es un entramado de “calles” de diversa amplitud, desde algunas de apenas un metro hasta otras con cabida de hasta dos coches. En las más estrechas, han improvisado como toldos (cualquier cosa sirve para ejercer tal función: una tela, un cartón, un plástico) que proporcionen una agradable sombra. En algunas zonas, los comerciantes extienden sus productos sobre telas, mesas plegables e, incluso, carretillas. Los más prósperos tienen su propio chiringuito de obra. La mayoría: más chabolas que actúan de negocio local. No hay orden ni concierto. No hay un criterio lógico. Todo parece improvisarse. Puedes encontrar una “tienda” de tecnología junto a una parada de utensilios de cocina o un puesto de fruta. Los sonidos se entremezclan, de la música a todo trapo de algunos puestos a los generadores, omnipresentes en esta ciudad para conseguir electricidad. El zumbido constante del generador puede llegar a ser realmente molesto (aunque por increíble que nos parezca, te acabas habituando… revisar una de mis primeras entradas hablando de la habituación en los humanos), pero acaba siendo un sonido gris que ignoramos por completo. Abundan las tiendas de tecnología, con algunos móviles de última generación peeeeeeeeero, casi todos van con tarjeta prepago. Es como cuando llegaron los primeros móviles a España hará como unos 15 años, que te comprabas una tarjeta SIM con un número y luego lo ibas cargando con dinero (ahora que lo pienso, igual los adolescentes siguen utilizando el prepago, no?)… Total, que ves tarjetas con números de teléfonos nuevos y tarjetas que son de un crédito determinado para cargar tu saldo. Como me habían dicho que era barato llamar a casa desde aquí con un teléfono local, pues he comprado tarjeta (10 SSP, poco más de 2,5 €) y lo he cargado con unos cuantos pounds para poder llamar hoy a casa.


La gente aparece y desaparece por cualquier esquina. En algunos lugares nos miran como sorprendidos: 5 blancos. De hecho, en más de dos horas en el mercado, solo vimos a 4 hombres que debían ser australianos y que trabajaban con UN (llevaban camisetas identificativas). Nada más. Muchas personas van con carretillas arriba, carretillas abajo; las motocicletas pasan rozándote. Puestos de kebab… si mi madre viera esa carne seguro que le saldría un herpes en la boca. De hecho, las “carnicerías” aquí son “lugares” (no sabría qué nombre ponerle, pues no es una tienda, no es un comercio, no es una construcción concreta…) donde cuelgan las piezas de carne, tal cual, al aire libre, sin ningún tipo de cuidado sobre temperaturas, animales que sobrevuelan (o no) la pieza de carne… vamos, que cuando como aquí, mejor que no piense cómo ha sido el proceso hasta llegar al plato. Fuego a tope y que maten gérmenes y demás, porque si no…


Al girar por una de las callejuelas del mercado, veo unos escombros, chapas, runa, basura… todo amontonado. Encima de toda esa amalgama de desperdicios, una niña, medio desnuda, mira a su alrededor, quieta. No parece asustada. No parece divertida. No parece triste. Ni alegre. No parece preocupada. Ni inquieta. Simplemente, está. Está. Sin más. Una niña, semidesnuda, sobre una pila de desperdicios. Un poco más allá, un hombre limpia (sí, sí, limpia) una silla a la cual le falta una pata trasera. Pienso para mis adentros: “¿qué hará limpiando una silla en la que no se puede sentar?”. Como suele ser habitual, mi candidez me delata. Acaba de limpiar la silla, se levanta y la coloca encima de una gran piedra, justo donde le falta la pata. Ajá, la piedra hará de cuarta pata. Muy bien… aprovechando recursos.


Nos cruzamos con muchas personas. Algunos árabes, pero muy pocos. La guerra civil reciente fue, básicamente, por motivos religiosos, raciales y económicos. De todos modos, no tengo la impresión de que sean mal vistos, se les margine o existan problemas entre ambas razas, pese a que sé que en otras zonas del país esas tensiones existen y son motivo de enfrentamientos constantes.


También nos cruzamos con algunos negros de raza Dinka. Son de una tribu del norte. Altos, fuertes, delgados, musculados. Y se les reconoce fácilmente porque suelen llevar la cara con cicactrices a modo de tatuaje, usualmente en la frente, aunque algunos en todo su rostro. Para conseguirlo, se realizan heridas con un cuchillo que luego, al cicatrizar, dejan esas marcas. Imagináos cómo deben ser esas heridas… Y pueden ser con líneas horizontales que recorren la frente, líneas en diagonal o líneas formadas por puntos, que también pueden ser horizontales o en diagonal, desde el entrecejo hasta el inicio del cuero cabelludo, aunque también he visto alguno que lleva toda la cabeza (toda!!) con esas marcas.


En más de una ocasión se me acerca alguno que otro al grito de “udzungu” (“blanco”) y enseñándome lo que tenga a mano para ver si compro (blanco=dinero para ellos): relojes, pulseras, teléfonos, camisetas, comida… Miro a mi alrededor y todos son negros. Aquí, yo (los 5 que vamos) soy el diferente. Recuerdo cuando era pequeñito, debía tener como 9-10 años, en el terreno que tenían mis abuelos junto a La Llagostera (Girona) (estamos hablando de mediados-finales de los 80 para un niño), que me iba con mis primos y otros amigos con la bicicleta, por caminos rurales, repletos de masías típicas catalanas, campos de cultivo, etc… y a veces íbamos a un lugar bastante alejado para ver a “Kunta Quinte”. “Kuna Quinte” para nosotros era un negro que trabajaba en una de aquellas masías y yo, no sé vosotros, pero en aquellos años no veía a ningún negro a mi alrededor, por lo que verlo era como un acontecimiento. Y el mote, pues imagino que sería por una serie muy famosa por aquellos tiempos en la tele (no me preguntéis cuál, porque yo no la veía, pero sí me acuerdo de ese nombre).


Ahora que he escrito “negro”, una aclaración. Por supuesto, no es despectivo, faltaría más. Lo que sucede es que a veces el buscar equilibrios lingüísticos, eufemismos y demás para ser políticamente correcto, me revuelve el estómago y no por llamar a alguien “negro” (claro, depende del tono, intenciones y demás, pero no sería el caso, ya sabéis) le estoy faltando el respeto. Es más, cuando alguien llama a un negro “persona de color”, pienso que es un pelín ignorante, principalmente porque el negro es, por definición, ausencia de color y es el blanco el compendio de todos los colores. Pero bueno, estos son otros temas. Nada, sólo para deciros que no llamaré a alguien “persona de color” en vez de “negro” ni llamaré “persona pálida” a un “blanco”. Me parece ridículo. El respeto hacia alguien se expresa mucho más allá de una etiqueta lingüística. Cierro el paréntesis.


Volvemos a nuestra casa. Hago unas llamadas de teléfono a la familia. Sorpresa… mis padres se emocionan. A mi sobrina le digo que es un “bebé dinosaurio” y se enfada, porque dice que ella ya es una niña grande y guapa. Sí que eres grande, ya, sí… 3 añitos el próximo mes. Llamo a mi abuela. Pobre, no se acuerda de que estoy en África.


Duermo la siesta. Me conecto un rato a internet. Leo las más de 100 felicitaciones en facebook en mails… (las que me llegaron por whatsapp, las recibí al día siguiente, que tuve acceso al wi-fi de la oficina)… y tengo una sensación extraña de alegría por un lado porque ha sido el año que más gente se ha acordado (esto del facebook y su chivato de cumpleaños es increíble… lo que hace la comunicación y el marketing, jejejeje) y, por otro lado, siento pena por estar lejos de tantas personas que me quieren y me aprecian. Una vez más, gracias, amigos/as… espero poder estar a la altura de las circunstancias en cualquier momento que me podáis necesitar. Me siento orgulloso de teneros a mi lado…


Por la noche vamos a cenar a un tailandés. Quería comerme un Pad Thai para rememorar mis semanas en ese país maravilloso hace tan solo unos meses. No hay noodles para preparar el Pad Thai. Aysssss… me conformo con un fried rice que está delicioso.


Llego a casa y me han encendido unas velitas, han roto cuatro servilletas y me las tiran encima… somos pocos en la casa este fin de semana… es un cumpleaños, diferente.





PD: me han confirmado mi asistencia al curso de marzo en BCN. Estaré las dos últimas semanas en casa, por lo que empiezo la primera cuenta atrás, aunque ahora los días empiezan a volar pero pronto, a reponer fuerzas en casita… home, sweet home!!.

dilluns, 23 de gener del 2012

La vida en Juba, Sudán del Sur.


Juba, 23 de Enero de 2.012.
Todos los cambios necesitan un proceso de adaptación. Y dependiendo de la intensidad de esos cambios, el proceso es más largo o más corto, más intenso o más suave, más duro o más débil, pero un proceso. Yo no soy una excepción. Además, hay componentes que ayudan, facilitan o suavizan y otros que ejercen el efecto contrario: endurecen, imposibilitan, dificultan…

Para mí, este periodo de adaptación está comenzando a aposentarse, asentarse, tras casi tres semanas en Sudán del Sur. La digestión es lenta, torpe, difícil…pero imprescindible.

Para empezar, deciros que no podré escribir libremente todo lo que veo, pienso, dónde estoy, dónde voy, etc. por motivos de seguridad y restricciones que comprendo y entiendo perfectamente. Así que… discúlpenme quienes ávidamente esperaban noticias frescas cada poco de lo que es la vida en este país centroafricano. Este duro y subdesarrollado nuevo país africano. Quien quiera algún detalle o más explicaciones concretas, que me envíe un correo y le explico.
La normativa de seguridad incluye no salir a caminar por la calle a partir de las 19 h., prohibición de conducir coches (siempre vamos con conductor), no hacer fotografías, limitaciones personales, etc. Todo ello condiciona tanto la vida aquí como la capacidad de expresaros todo lo que veo, pienso o siento.
Comencemos por una frase que acabaría por resumirlo todo (y que tras leerla ya podrías cerrar esta entrada): la vida en Sudán del Sur es complicada, dura, áspera.
Extendámonos en esos adjetivos: complicada. Dura. Áspera.
Complicada. Claro, no es fácil llegar a un país nuevo, un continente nuevo, sumido en la pobreza, con leyes cambiantes, recursos naturales en disputa, guerras tribales en algunas zonas del país, inflación de hasta el 70 % (4 huevos: 1 €; 1 kg. de pimientos: 6 €; una noche de hotel: 130 €…), policía corrupta y mal pagada; índices de criminalidad, altos; clima seco (tengo las fosas nasales cerradas desde el día que llegué; mucosidad seca adherida… y perdonad los detalles escatológicos, pero es tan incómodo…); cortes de electricidad constantes (aún suerte que tenemos generador); trabajo, estresante, pero un completo reto; agua fría para ducharse; te lavas las manos como 5-6 veces al día y siempre acaba siendo agua marrón y sucia (un poquito por la suciedad de tus manos y un muchito de la propia agua “corriente”, con restos de barro).
Dura: las condiciones de seguridad y las incomodidades condicionan de manera irremediable el día a día. El no poder hacer una vida normal es algo que, a la larga, puede pasar factura. Y la pasa, de hecho. He tenido oportunidad de conocer a gente (de MSF y de algunas otras ONG’s que trabajan aquí o en alguna otra ciudad) y casi todos los que llevan varios meses (siempre hay excepciones) se van con sentimientos de alivio de poder volver a casa.
Áspera: Juba no es una ciudad que se haga querer. La limitación de movimientos durante la semana, impide el contacto con la gente de manera casi absoluta. Y durante el fin de semana, tampoco es que sea agradable pasear por ella, descubrir, conocer, investigar. Es temporada seca (la temporada de lluvias llega en Mayo) ahora, lo que hace que la sensación de sofoco sea tremenda. Además, diría que el 80% de las calles no están asfaltadas, son simples caminos terrosos, que forman polvaredas al paso de los múltiples vehículos que circulan por la ciudad, de ONG’s principalmente. Por la noche, desde el vehículo, puedes ver una ciudad a medio camino entre la devastación (de hecho, está creciendo de manera desordenada con recursos muy pobres), la desolación, la oscuridad (las calles están a oscuras completamente, salvo alguna luz puntual de algún comercio, chiringuito o las habituales hogueras que iluminan de un naranja potente los rostros de quienes pasarían desapercibidos en la oscuridad casi absoluta)…
Y es una pena que no se puedan hacer fotografías, porque algunas serían realmente espectaculares, retratando la crudeza de lo que es la vida diaria de esta gente. No es pobreza. No es ni tan siquiera miseria. En muchos casos es, simple y llanamente, abandono. Supervivencia pura y dura. Yo les preguntaría a los fundamentalistas estos de la religión, qué clase de dios permite estas cosas sobre la tierra. Vengo de un lugar donde la preocupación es encontrar trabajo, si me puedo comprar unos zapatos, dónde ir a cenar el sábado, si tu equipo de fútbol gana, si tal persona te responde un mensaje o tu pareja parece que está de mal humor. Ojalá esta gente tuviera esos problemas. Son mucho más básicos: subsistencia pura y dura. Vivir en chabolas de metal, madera. Tender la ropa en medio del polvo o sobre un alambre de seguridad (de esos con púas, de los cuales están dotadas todas las casas de ONG’s, organismos públicos, bancos, etc… coronando altos muros de cemento, lo que convierte el paseo por la ciudad como una exhibición de tipos de muros con alambradas, vallas y verjas, alambres, ejército o policía con sus metralletas por la calle… vamos, entretenido, entretenido).
Voy a ser sincero: los dos primeros días que pasé aquí sólo tenía ganas de llorar y pensaba: “¿Qué hago aquí?”. Seguramente por ese motivo, por no escribir en caliente, por no precipitarme, por la normativa de seguridad, etc. no había escrito hasta ahora. Poco a poco voy encontrando mi espacio, mi sitio. Primer paso: conocer gente de otras secciones de MSF. Conseguido. Por lo menos ahora empiezas a saludar a gente que no trabaja directamente contigo: suizos, belgas, franceses, holandeses. Segundo paso: conocer gente de fuera de MSF. Poco a poco. El otro día en una fiesta de una ONG italiana, conocí a chicas y chicos de este país, además de una inglesa que me informó (supongo que percibió mi “desesperación” ante la pobreza de vida social fuera del trabajo y decidió hacer la acción caritativa del día) de que hay muchas actividades para expatriados en algunos lugares: Pilates, yoga, clases de salsa, Beach-volley…Tengo que enviarle un mail para que me mantenga informado, porque de verdad que necesito hacer algo más. Hasta el momento: desayuno sobre las 7.30 (2 horas menos en España), trabajo de 8 a 13, comida de 13 a 14 h., vuelta al trabajo hasta las 18 ó 18.30. Vuelta a la guest house y ahí, pues… ducha y cena sobre las 19 h. o, si sales a cenar, pues eso: en un coche y varios al restaurante concreto que esté aprobado (no podemos ir a cualquiera)… te cuesta como 15 € la cena, lo que para un país tan pobre me parece una barbaridad, pero se aprovechan que da gusto. Por ejemplo, he ido un par de domingos a la piscina de un hotel, donde se reúnen muchos expatriados que cuesta 50 South Sudanese Pounds, que vienen a ser más de 13 €. ¿No es de locos?.

Me gustaría ir a Pilates (la inglesa es la profesora), quizás apuntarme a clases de salsa. También ir a jugar a Beach Volley… A ver si me organizo y los lugares donde se organizan están autorizados para poder ir (creo que sí, pero…). Vuelvo a la lectura (“Vida y Destino”, espectacular, sobre la vida de rusos y alemanes durante los enfrentamientos durante la segunda guerra mundial); los programas de L’ofici de viure o los especialistas secundarios; la limitada conexión a Internet…
Me pasé unos días en el noroeste de South Sudan, cerca de la frontera con Sudán, con Darfur. Allí la vida es diferente. Es más seguro, puedes caminar de la guest house (un convento reciclado) a las oficinas por el pueblo, los niños salen corriendo a saludarte, te sonríen, te preguntan “how are you?” (es lo único que saben decir en inglés), ves el hospital y la situación tan lamentable… Más aún, fui a una comunidad fuera de esta ciudad, a zonas rurales, al Sudán del Sur profundo: para hacer 60 kilómetros, 3 horas. Camino de tierra, baches, piedras, árboles, gente cargando pesados fardos, polvo, calor… y llegas allí y… niños descalzos cubiertos de polvo, desnudos o con camisetas en un estado deplorable. Seguramente la única que tengan. Nos bajamos allí y se te acercan, entre curiosos, expectantes y temerosos, recelosos. Alguno se atreve a darte la mano. Otros te miran a cierta distancia. Unos blancos. Aquí. Llegué a ver a un niño que rodeaba un árbol escondiéndose de una compañera mía, con expresión de susto. África profunda. Donde la fe no ha llegado en la forma que predican algunos. O sí, porque aquí hay mucho cristiano. Supongo que dios no es racista y no los ha discriminado en su lista de prioridades, preferencias o derechos. Y sólo lo supongo, porque lo que veo me hace pensar lo contrario.
Para finalizar, algunas imágenes en mi retina que me hubiera encantado retratar con una cámara pero no pudo ser…
Un camino rural, alargado, de tierra rojiza, que asciende lentamente. Miro hacia atrás y veo, a lo lejos, un grupo de personas cargando fardos de paja en sus cabezas; el calor sofocante sobre un tapiz verde, marrón, gris… y un grupo de cabras cruzando el camino.
Una noche de cena bajo las estrellas, con música bossa nova de fondo, con dos velas en la mesa y gente de varios rincones del mundo.
El rostro desfigurado de un niño que se acerca a pedirte. ¿Ácido?. ¿Fuego?. ¿Genético?.
Un niño recogiendo botellas de plástico vacías y arrastrando una gran bolsa con, imagino, más residuos por el estilo.
El niño que se cuelga de mis manos para que lo balancee. Los niños que lo ven y vienen corriendo para que los balancee igual.
La mirada curiosa de la gente del mercado al ver a tres blancos pasear por entre los alimentos extendidos en telas, dispuestos a cambiar de manos.
La pista de aterrizaje de tierra.
El avión más pequeño en el que me he subido nunca, para 9 pasajeros.
El desmadre, desorden, caos en el aeropuerto de Juba para conseguir el visado, recoger tu maleta, entrar en el país.
Las hogueras que salpican de luz la noche de Juba.
El hombre que camina descalzo y solo con un pantaloncito blanco cortito, con la mirada perdida y abstraído del movimiento y el ruido a su alrededor. O el que camina completamente desnudo por la calle.
El Nilo iluminado por la luna llena, reflejada en sus aguas. La fuente de la vida para los antiguos nubios, para los antiguos egipcios.
Mi mosquitera.
Mi habitación.
Los contrastes.
En fin, que podría escribir 50 páginas con la de cosas que podría explicaros de estas casi tres primeras semanas en Sudán del Sur.
Al final creo que es a mediados de marzo (y no finales de febrero) cuando volveré dos semanas a BCN para un curso. Y luego, para vacaciones y demás, parece que con los amigos Sudáfrica será el destino final. Yo, por mi cuenta, cuando pueda, igual me escapo alguna semana a Uganda (y si puedo ver los gorilas de montaña, que es uno de los poquitos sueños que tengo por cumplir), quizás Etiopía o, a finales de año, cuando ya esté muy cansado anímica, mental y físicamente, unos días en las Seychelles, que desde Nairobi hay vuelos baratos. Sería aquello de aprovechar las circunstancias o la coyuntura de estar en el corazón de África.
África…
África…
África…